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activismo!!!

EARTHLINGS. TERRÍCOLAS

Aquí encontrareis la definición de ESPECISMO. Un gran film que dará un vuelco a vuestras ideas sobre nuetro trato con los demas animales. El video está hecho con muy buen gusto dentro del mal gusto de todo el asunto.Os he colgado la versión doblada, para que no perdais detalle, pero clicando en el enlace podreis ver el video en versión original, narrada por Joaquin Phoenix, y en versión original subtitulada.

 






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voz: JOAQUIN PHOENIX

Sunday 4 october 7 04 /10 /Oct 07:57

Día Mundial de los animales

El Día Mundial de los animales pretende ser una celebración para todos aquellos quienes se preocupan por los animales. No está limitada a una nacionalidad, religión o ideología política. 

Día Mundial de los animales

 

 

 

El día mundial de los animales se celebró por primera vez en 1931 en una convención de ecologistas en Florencia, Italia, como un llamado de atención al problema de las especies en peligro de extinción. Desde entonces se ha ido ampliando hasta comprender a todas las especies animales. Se celebra el 4 de octubre por ser la fiesta de San Francisco de Asis, el santo patrono de los animales.

Pretende ser una celebración para todos aquellos quienes se preocupan por los animales. No está limitada a una nacionalidad, religión o ideología política.

A partir del 4 de octubre de 2003, organizaciones inglesas defensoras de los animales decidieron organizar un evento anual y desde entonces el número de eventos para conmemorar esta fecha ha ido abarcando varios países del mundo.

El propósito central de esta fecha es recordar la importancia de las otras especies animales con quienes compartimos el planeta, quienes las más de las veces son víctima de nuestro egoísmo y crueldad. Sin embargo, a través de la educación y la difusión de las actividades de los defensores de los animales, se  intenta crear una nueva cultura del respeto y sensibilidad, en la cual afortunadamente cada vez más gente intenta en la medida de sus posibilidades, hacer de este mundo un sitio más justo para todos.

AnimaNaturalis te invita a participar en los eventos que se han organizado en diferentes países para conmemorar el Día Mundial de los Animales.
Más info en : animanaturalis.org/post/8717
Por piq - Publicado en: EL BRAZO ANIMAL DE LA LEY
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Wednesday 26 august 3 26 /08 /Ago 09:38

Está visto que colaborar activamente en la lucha contra el maltrato a los animales es ganarse la etiqueta de “rarito”. Y no me refiero a que te la coloquen los que cazan, los que alancean un toro en Tordesillas, los que lo abrasan en Medinaceli, aquellos que despellejan visones o los que hacinan gallinas ponedoras en una granja; esos tienen otros epítetos para los animalistas: sectarios, terroristas, drogadictos, hasta el de “comunista” he llegado a escuchar. Les falta el de “masón” para parecerse a un cazador, pescador y firmante de penas de muerte que yo me sé. Digamos que su lenguaje, como vehículo de sus pensamientos, es el propio de individuos bastante ariscos e insociables y que cuando hablan es como cuando disparan, ahorcan, ensartan la lanza o muelen a palos a un animal: un derroche de violencia parejo a una falta absoluta de ética y de civismo.


La cuestión es que hay personas que si bien no se preocupan en absoluto por el sufrimiento al que los animales se encuentran sometidos en este País, tampoco contribuyen al mismo al menos de forma activa, lo que no quiere decir que no consuman productos cuya obtención, haya supuesto el padecimiento y la muerte de estas criaturas o que no participen en actividades generadoras de maltrato animal, como circos o zoológicos. Pues bien, estos digamos “indiferentes”, son los que en su mayoría, catalogan de excéntricos a los animalistas y los contemplan como una especie de iluminados que habitan en otra dimensión y cuyas reivindicaciones les suenan delirios de lunáticos.


Yo me pregunto si estas personas se han parado a analizar qué es realmente el movimiento animalista y cuáles son las premisas en las que se basa, o simplemente se están dejando llevar por costumbres adquiridas durante milenios y son producto de una educación que en ocasiones, aliena más que dota del talento para reflexionar con espíritu crítico acerca de nuestra existencia y la de todo aquello que nos rodea.


Una chica puede pasearse con el tanga por la casa del “Gran Hermano” que antes o después, se creará su club de fans y será invitada a diversos programas de televisión. Pero si a otra se le ocurre tumbarse frente a una plaza de toros en ropa interior y con unas banderillas ensangrentadas a la espalda, será una de esas “chaladas” que están en contra de las corridas. ¿Y eso por qué ocurre?, pues porque en esta Sociedad domesticada y con una capacidad para el análisis bastante abotargada, todo vale mientras no vaya contra el Sistema y sobre todo, si no afecta a nuestros intereses, y cuando me refiero a éstos es porque no se tiene en cuenta más que el perjuicio propio, por ridículo que sea, sin pensar en las consecuencias, a veces mortales, que para otros pueda implicar nuestro “bienestar”.


Decir que no a la caza deportiva, a los festejos taurinos, a la industria de la peletería, a las granjas intensivas o a los circos con animales, es darse de bruces con leyes que amparan esas actividades por lo tanto, pedir su desaparición, es convertirse en un elemento incómodo para una estructura social consolidada que teme los cambios, ya que éstos pueden alterar un orden establecido que es la base de la autoridad a la que estamos sometidos. Por eso a Usted le toleran actuar “libremente” siempre y cuando no se atreva a poner en duda la legalidad vigente. “Os permitimos que abráis protectoras con vuestros medios, pero no se os ocurra exigir que los ayuntamientos dejemos de sacrificar perros”. Es un ejemplo de esta política colmada de desafueros sociales y morales.


Y luego tenemos a los ciudadanos, tan modernos, tan progresistas y civilizados. Siempre dispuestos a colaborar con unos euros en una ONG, a reciclar la basura o a llorar viendo Bambi con sus hijos. Pero cuidado, que a nadie se le pase por la cabeza privarles de los encierros, impedirles contemplar a José Tomás en una de sus artísticas faenas sangrientas, quitarles de la estantería del Hipermercado los huevos cuyo código empieza por 2 ó 3, despojarles de la licencia de caza o decirles que no se coman en un restaurante una langosta que han cortado viva. La solidaridad está muy bien mientras ellos no hayan de variar ni un ápice sus gustos o costumbres. Por eso, cuando ven a unos cientos de personas con pancartas que hablan de la “Liberación Animal”, lo primero que se les ocurre pensar es: “ya están haciendo de las suyas esa pandilla de perturbados y radicales que nos quieren quitar lo que siempre ha sido así”.


“Lo que siempre ha sido así...”. He ahí una definición del egoísmo cuando esa expresión equivale a decir: “No aceptaré ningún cambio que pueda afectarme lo más mínimo”. Y esa es la verdadera fuerza de los que son crueles de tantas formas con los animales, que no está tanto en su conducta criminal – crimen al menos moral, ya que todavía no lo es legalmente - sino en la indiferencia cómplice de los que sin torturar, contribuyen a la tortura, y sin matar son colaboradores en esas muertes. Por muchos que sean, que tampoco son tantos, los verdaderos causantes del padecimiento extremo y del “asesinato” de animales, nada podrían hacer si el resto de los ciudadanos se declarasen en contra de estas prácticas espantosas con seres vivos. El silencio es una complicidad muy efectiva.


Pero entre la violencia de unos y el egoísmo de otros, entre los intereses de los primeros y la comodidad de los segundos, el resultado es que siguen muriendo cada día millones de animales en una sangría que no tiene comparación con ninguna otra. No existe en ámbito alguno sufrimiento que exceda en número de víctimas al que padecen los animales. Y por favor, que no venga ninguno de los del primer párrafo o del segundo, diciéndome ahora que de mi frase se deduce que no me importa el dolor en el hombre. Ese argumento tan corrompido como aquellos que lo emplean, es una más de las falacias indignas con las que tratan de desacreditar al movimiento animalista, a cuyos miembros, por cierto, les suele preocupar y mucho el padecimiento humano, tal vez a diferencia de la mayoría de los que utilizan contra ellos precisamente esa acusación, que por importarles, se importan tan sólo ellos mismos.


Lograr que usos y costumbres aceptadas y empleadas durante siglos desaparezcan es una labor titánica y muy lenta, porque el ser humano, a pesar de su condición de gregario, tiende a aislarse en lo que se refiere a cuestiones de empatía con el dolor ajeno. Somos una comunidad inmensa con problemas compartidos pero nuestra concepción de los mismos es individualista, he ahí el arma de los causantes del sometimiento de tantos seres vivos, y si esa es nuestra actitud cuando se trata de animales humanos, qué no será cuando los afectados carecen de racionalidad: pues que pasamos incluso a desempeñar, y muy gustosos, el papel de opresores y de verdugos. La revancha por nuestra propia debilidad, la solemos descargar contra aquellos que padecen mayor indefensión todavía que nosotros.

Hoy somos una especie de terroristas para algunos y una suerte de orates para otros. Algún día, nuestras exigencias de ahora, serán ley y pasaremos de ocupar el papel de villanos, al de abanderados de una causa justa. Pero mientras tanto, millones de ciudadanos coadyuvan a esta lacra vergonzosa del maltrato a los animales, unos por acción, otros por omisión y la Administración, como siempre, viendo qué chaqueta se pone para gustar más a la afición y recibir el aplauso electoral.


Me gustaría que todas esas personas que tienen un perro, un gato, un canario o un caballo, se imaginasen a su “compañero” siendo ahorcado, ahogado, reventado a perdigonazos o con una tranca permanentemente aferrada a su pata, seguro que en la mayoría de los casos se les revolverían las entrañas y lucharían contra semejante crueldad. Pues ahora, que me expliquen la diferencia entre su “amigo irracional” y todos los perros de cazadores, jabalíes, zorros, visones, gallinas, toros, caballos, ocas o palomas que mueren entre terribles sufrimientos mientras ellos, no hacen nada por evitarlo. Y es que poco tiene que ver el dolor si es mi hijo el que lo padece, con el de un niño palestino, ¿verdad?, pues algo parecido ocurre con los animales, que mientras a mi perro no lo toquen, da igual que en la perrera que hay a quinientos metros de mi casa, los sacrifiquen a la semana de ser capturados o que le atraviesen con acero los pulmones a seis toros en la plaza que hay a un kilómetro. Y los que protestan contra eso son peligrosos extremistas o simples majaretas, dependiendo de mi grado de afición a la tauromaquia. Entre crueldades, cobardías y egoísmos, chapoteamos cada día en un mar de sangre ajena.



Julio Ortega Fraile

www.pacma.es

www.findelmaltratoanimal.blo...

Por piq - Publicado en: SENTIMIENTO ANIMAL
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Tuesday 28 july 2 28 /07 /Jul 22:11
Por piq - Publicado en: VIdEOS y MUSIkA
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Monday 27 july 1 27 /07 /Jul 14:04



¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿¿HOW COULD YOU SLEEP???????????

OPEN YOUR EYES!!! SI NO ERES TU , QUIEN????
Por piq - Publicado en: VIdEOS y MUSIkA
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Monday 20 july 1 20 /07 /Jul 14:24
El ser humano es el único mamí­fero que ingiere leche procedente de otro animal pasado el periodo de lactancia. Y lo hace a pesar de saberse que la leche que produce cada mamí­fero es especí­fica para su especie.
José Ramón Llorente


La leche animal y sus derivados -nata, queso, yogures, helados, batidos, etc.- se encuentran actualmente entre los alimentos de mayo r consumo del mundo. Se alaban sus propiedades nutritivas, lo ricos que son y lo imprescindibles que resultan para mantener los huesos sanos merced a su riqueza en proteí­nas, vitaminas y minerales, especialmente el calcio. Pero, ¿es eso verdad, o más bien se trata de productos no precisamente saludables que causan muy diversas patologí­as?

El ser humano es único en la naturaleza por múltiples razones, destacando entre ellas el hecho de que se trata del único mamí­fero que ingiere leche procedente de otro animal pasado el periodo de lactancia. Y lo hace a pesar de saberse que la leche que produce cada mamí­fero es especí­fica para su especie y que la naturaleza la ha hecho idónea para las nece sidades de su crí­a y no para las de otra. Es más, la madre Natur
aleza previó que los mamí­feros -es decir, los animales que maman- obtengan la leche directamente de las mamas de sus madres sin contacto con agente externo alguno ya que se trata de una sustancia que se altera y contamina con gran facilidad. Los humanos, sin embargo, en el convencimiento de que es sano seguir tomándola siendo ya adultos, hemos alterado hasta las leyes de la naturaleza para poder mantenerla en condiciones adecuadas de consumo. Y, sin embargo, son muchas las evidencias que indican que tan preciado lí­quido está detrás de muchas de las dolencias que hoy nos aquejan.


Obviamente, la composición de cada leche varí­a en función del animal, de la raza, del alimento que haya recibido, de su edad, del periodo de lactancia, de la época del año y del sistema de ordeño, entre otras variables. Y si bien su principal componente es el agua su presunto interés nutritivo radica en que además contiene grasas (ácidos grasos saturados y colesterol), proteí­nas (caseí­na, lactoalbúminas y lactoglobulinas), hidratos de carbono (lactosa, fundamentalmente), vitaminas (cantidades moderadas de A, D y del grupo B) y minerales (fósforo, calcio, zinc y magnesio). Las proporciones dependen ya del tratamiento que se haya dado a la materia prima por lo que no contiene la misma grasa la "leche entera" que la "leche descremada". Ahora bien, ¿es realmente saludable ingerir leche y productos lácteos? Porque, no sólo son muchos los investigadores que discrepan de esa opinión, sino que hay cada vez más estudios que cuestionan esa aseveración.


El problema del calcio


La razón fundamental por la que los nutricionistas occidentales -no así­ los orientales- recomiendan tomar leche y sus derivados es porque la consideran muy nutritiva y especialmente rica en calcio, agregando que la ingesta periódica de ese mineral es imprescindible para mantener la salud, sobre todo la de los huesos. Y en ese convencimiento muchas personas beben cantidades importantes de ella al punto de que algunas -es el caso de millones de norteamericanos- prácticamente la toman en lugar de agua. Sin embargo, es precisamente en Estados Unidos, el mayor consumidor mundial de leche, donde más incidencia de osteoporosis hay entre su población. ¿Alguien puede explicar razonadamente tan singular paradoja?
 

Lógicamente, no puede extrañar que cada vez más expertos alcen su voz abiertamente afirmando que la leche y sus derivados no sólo no son alimentos adecuados para el ser humano sino que ni siquiera constituyen una buena fuente de calcio porque una cosa es la cantidad de ese mineral presente en ella y otra muy distinta su biodisponibilidad. Además, está por ver si la necesidad de él que precisa el organismo es la que publicitan las empresas lácteas.

Resultan ilustrativos a ese respecto los resultados del estudio que con 78.000 mujeres de entre 34 y 59 años llevaron a cabo durante 12 años varios profesores de la Universidad de Harvard en Estados Unidos y que fue publicado en el American Journal of Public Health en 1997. Porque sus conclusiones desmienten la tesis de que un mayor consumo de leche u otras fuentes alimenticias de calcio por mujeres adultas las proteja de fracturas propias de la osteoporosis como son las de cadera o antebrazo.

También es interesante recordar el Proyecto Cornell Oxford-China de Nutrición, Salud y Medio Ambiente que se inició en 1983 con un estudio pormenorizado de los hábitos cotidianos de 6.500 habitantes de 65 provincias dispersas de la China rural ya que constituye una de las investigaciones más rigurosas y concluyentes efectuadas en materia de salud. Y ese trabajo demostró -entre otras cosas- que la leche animal desmineraliza a los adultos. Es decir, se comprobó que las mujeres que no tomaban leche de vaca y su único alimento eran el arroz, los vegetales, la soja y sus derivados no padecí­an osteoporosis. Y que, sin embargo, si dejaban esa dieta e introducí­an la leche de vaca sus niveles de calcio bajaban y aumentaba la incidencia de esa patologí­a.

Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por el doctor John McDougall -médico nutricionista del St Helena Hospital de Napa (California, Estados Unidos)- sabemos también que la mujeres de la etnia bantú no toman leche pero sí­ calcio procedente de fuentes vegetales y, sin embargo, a pesar de que tienen una media de 10 hijos y los amamantan durante largos periodos, no padecen osteoporosis.

Otro ejemplo de la relación entre leche y osteoporosis lo constituye el trabajo del doctor William Ellis, ex presidente de la Academia Americana de Osteopatí­a Aplicada, quien estableció que las personas que toman de 3 a 5 vasos de leche diarios presentan los niveles más bajos de calcio en sangre. Agregando que tomar mucha leche implica ingerir grandes cantidades de proteí­nas lácteas y éstas producen un exceso de acidez que el organismo intenta compensar mediante la liberación de minerales alcalinos.

En esa misma lí­nea se expresa un estudio publicado en el American Journal of Clinical Nutrition que afirma que el exceso de proteí­nas de la leche es uno de los factores más importantes en el avance de la osteoporosis. En dicho estudio -publicado ya en 1983- se demostraba que hasta la edad de 65 años las mujeres que no toman leche y son vegetarianas tienen un 18% de pérdida de hueso mientras las omní­voras padecen una pérdida ósea del 35%.

Y estudios más recientes muestran que con una ingesta de 75 gramos diarios de proteí­na láctea se pierde más calcio en la orina del que se absorbe a través de la dieta.

A todo esto hay que añadir que la relación calcio/fósforo de la leche de vaca no es adecuada para el ser humano, pues su contenido es demasiado elevado en fósforo y por eso su ingesta acidifica el organismo. Con las numerosas implicaciones negativas para la salud que ello implica.


La opinión de Jean Seignalet


El finado doctor Jean Seignalet -hematólogo, inmunólogo, biólogo, catedrático de Medicina de la Universidad de Montpellier durante muchos años y autor de más de doscientas publicaciones en prestigiosas revistas médicas- denunció en su obra La Alimentación, la 3ª Medicina que muchas patologí­as y la proliferación actual de otras se debe básicamente a cinco razones: el consumo de cereales domésticos, la ingesta de leche animal y sus derivados, la cocción de los alimentos, el refino de los aceites y la contaminación alimenticia con la consiguiente carencia de vitaminas y minerales. Afirmando en lo que a la leche se refiere lo siguiente: "Muchas personas piensan que prescindir de la leche puede provocarles pérdida de calcio y problemas como la osteoporosis pues la televisión, la prensa y la mayorí­a de los médicos repiten que la solidez de los huesos depende de su cantidad de calcio y sólo el consumo diario de productos derivados de la leche puede aportarles en cantidad suficiente ese precioso calcio. Sin embargo, yo digo firmemente que NO. El peligro de la falta de calcio es una ilusión. Es cierto que la leche de vaca es rica en calcio pero una vez en el tubo digestivo humano la inmensa mayorí­a del mismo es precipitado en forma de fosfato de calcio y expulsado a través de las heces fecales. Sólo una pequeña parte es absorbida. El calcio asimilable es aportado en cantidad más que suficiente por los vegetales: hortalizas, legumbres secas, verduras, carnes crudas y frutos secos y frescos. Además el calcio es un mineral muy abundante en el suelo donde es recuperado por las raí­ces de las plantas. En definitiva, eliminar de la alimentación la leche animal no provoca carencia de calcio. Al contrario, el régimen hipotóxico -desprovisto de derivados de la leche- acompañado de magnesio y silicio bloquea 70 veces de cada 100 la evolución de la osteoporosis e incluso permite a veces recuperar parte del terreno perdido".

La caseí­na de la leche


Mencionábamos al describir la composición de la leche que una de sus proteí­nas principales es la caseí­na. Pues bien, se sabe que el niño lactante asimila completamente las caseí­nas de la leche materna... pero no las de la leche de vaca. Tales proteí­nas sólo se digieren parcialmente por el efecto neutralizador de la leche sobre la acidez gástrica, indispensable para su ruptura.

¿Y qué efectos provoca esa sustancia viscosa que es la caseí­na animal en nuestro organismo? Pues hay que decir que en algunas personas se adhiere a los folí­culos linfáticos del intestino impidiendo la absorción de otros nutrientes (de hecho la caseí­na se utiliza como pegamento para papel, madera, etc.). Además su hidrolización parcial tiene otras consecuencias. Por ejemplo, desembarazarse de sus residuos metabólicos supone un gasto energético suplementario para el organismo y puede provocar problemas inmunológicos. Así­, en personas que presentan deficiencias de inmunoglobulinas IgA esta proteí­na pasa al torrente sanguí­neo y genera gran variedad de reacciones autoinmunes (las mencionaremos más adelante al hablar de las enfermedades relacionadas con el consumo de leche). Y si tenemos en cuenta -como se recoge en un informe del Memorial Kettering Hospital de Nueva York (Estados Unidos)- que la deficiencia de antí­genos IgA es uno de los problemas más comunes en cuanto a deficiencias inmunitarias el problema pasa a tener dimensiones mucho más preocupantes.

Las grasas de la leche


La leche humana contiene 45 gramos de lí­pidos por litro, de los que el 55% son ácidos grasos poliinsaturados y un 45% saturados. Y tiene, sobre todo, un elevado contenido en ácido linoleico, precursor de prostaglandinas y leucotrienos antiinflamatorios. En cambio la leche de vaca -la más consumida- contiene un 70% de ácidos grasos saturados y un 30% de poliinsaturados. Una estructura que favorece la formación de prostaglandinas y leucotrienos inflamatorios. Además, ese 30% de poliinsaturados pierde sus propiedades cuando por efecto del calor -entre 40 y 45 Cº- se desnaturalizan y ya no pueden ser precursores de sustancias antiinflamatorias. Por lo que la leche tratada para poder ser consumida es ¡una sustancia 100% inflamatoria!

Por otra parte, la pasteurización y la homogeneización provocan que las grasas saturadas atraviesen las paredes intestinales en forma de pequeñas partí­culas no digeridas, lo que inexorablemente aumenta los niveles de colesterol y grasas saturadas en sangre. Además, el contenido en colesterol de la leche es superior al de otros alimentos famosos por ser ricos en ese elemento. De hecho, algunos paí­ses ya han retirado la leche de la lista de alimentos fundamentales para la dieta porque se ha observado que los niños que acostumbran a tomar varios vasos de leche al dí­a tienen sus arterias en peores condiciones que los que no la toman. Una información que, curiosamente, no parece haber llegado a Estados Unidos, pues según su Departamento de Agricultura casi el 40% de la comida diaria que ingieren los norteamericanos consiste en leche y/o productos lácteos. Lo cual significa que un estadounidense medio toma diariamente sólo con los productos lácteos 161 miligramos de colesterol. Y eso es tanto como ingerir ¡53 lonchas de tocino al dí­a! Y luego se extrañan de que la cuarta parte de la población norteamericana sea obesa o padezca sobrepeso.

Añadiremos finalmente un dato importante que aporta el ya mencionado doctor John McDougall: en el afán por aumentar sus ventas la industria lechera relaciona el contenido de grasa de la leche... con el peso. Lo que le permite decir que la de vaca contiene "sólo" un 2% de grasa por cada 100 gramos. Y, claro, dicho así­ parece que estemos hablando de un producto bajo en grasa. Sin embargo debemos entender que el 87% de la leche es agua por lo que si descartamos ésta el porcentaje real de grasa sobre la sustancia sólida es mucho mayor. ¡Y no hablemos ya de la leche condensada!


 

La carga hormonal


Conviene saber también que la leche contiene aproximadamente 59 tipos diferentes de hormonas -pituitarias, esteroideas, adrenales, sexuales, etc.- siendo las más importantes las hormonas del crecimiento cuya acción, unidas a la riqueza proteica de la leche de vaca, hacen posible el rápido crecimiento de los terneros de forma que en breve plazo llegan a doblar su peso. Y es evidente que los humanos no tenemos precisamente esa necesidad. Además, niveles elevados de esa hormona, unidos a otros tóxicos, se consideran hoy causa de la aparición de diversas enfermedades degenerativas.

Hay que añadir a ese respecto que resulta kafkiano tener que reseñar que ya en 1994 la Food and Drug Administration (FDA) -es decir, la agencia del medicamento norteamericana- aprobó que la compañí­a Monsanto usara la Hormona Recombinante de Crecimiento Bovino (rBGH) -también conocida como bovine somatotropin o rbST- para aumentar la producción de leche en las vacas entre un 10 y un 25%. Porque según se publicó en The Ecologist en 1998 "el uso de rBGH incrementa los niveles de otra hormona proteica -el factor de crecimiento 1 tipo insulina (IGF-1)- en la leche de las va cas. Y dado que el IGF-1 es activo en los humanos -causando que las células se dividan- algunos cientí­ficos piensan que una ingesta de leche tratada con altos niveles de rBGH podrí­a dar paso a la división y crecimiento incontrolados de células en los humanos. En otras palabras: cáncer". De hecho, son tantos los peligros potenciales de esa hormona que su uso está prohibido actualmente en Canadá y la Unión Europea, así­ como en otros paí­ses.

La profesora Jane Plant, autora del libro Your life in your hands (Tu vida en tus manos), explica en él que el IGF-1 es además especialmente activo durante la pubertad y el embarazo. En el caso de las niñas púberes -explica- esta hormona estimula el tejido de la mama para que crezca. Y durante el embarazo ensancha los tejidos mamarios y los conductos de la leche materna para favorecer la lactancia. Agregando con rotundidad: "Niveles altos de esta hormona incrementan hasta tres veces el riesgo de padecer cáncer de mama o de próstata por parte de quienes consumen tanto la leche como la carne de las vacas lecheras. Y en contra de la afirmación de que la pasteurización la destruye entiendo que la caseí­na evita que eso ocurra y que la homogeneización facilita que la IGF-1 alcance el torrente sanguí­neo. Asimismo, los propios estrógenos que se añaden a la leche bovina son otro de los factores que estimulan la expresión nociva de esta hormona y que, indirectamente, acaban provocando la aparición de tumores".


Tóxicos en la leche


Debemos añadir que la leche puede además estar contaminada por productos quí­micos, hormonas, antibióticos, pesticidas, pus procedente de las mastitis -tan frecuentes en la vacas ordeñadas permanentemente-, virus, bacterias, priones... Sin olvidar que hoy se "enriquece" tanto la leche como los productos lácteos con aditivos, vitaminas y minerales sintéticos, semillas, plantas, frutas, proteí­nas, ácidos grasos... En algunos casos, por cierto, con grasa de animales distintos. Con lo que uno puede estar ingiriendo leche de vaca enriquecida con grasa de cerdo... sin saberlo.

¿Y cuáles son las sustancias tóxicas que con más frecuencia puede uno encontrarse en un vaso de leche de vaca, la más consumida? Pues son éstas:


Metales y plásticos.
El equipo utilizado en la explotación ganadera para obtener, conducir o almacenar la leche puede contaminarla. De hecho se ha llegado a detectar en ella hierro, cobre, plomo, cadmio, zinc, etc., o sus aleaciones. Lo que puede provocar una actividad catalí­tica nefasta sobre las reacciones de oxidación que se producen en ella.


Detergentes y desinfectantes.
Hablamos de formol, ácido bórico, ácido benzoico, sales alcalinas, bicromato potásico, etc., sustancias que se emplean en la limpieza y desinfección del material que se pone en contacto con la leche. Su uso está justificado ya que el agua por sí­ sola es incapaz de arrastrar los restos de materia orgánica y destruir las bacterias que contaminan las instalaciones y que pueden pasar a la leche.


Pesticidas y fertilizantes.
En la comida que se da a las vacas se pueden encontrar compuestos quí­micos con los que se ha procurado tanto el incremento de las cosechas como su mejor conservación. En este grupo se incluyen acaricidas, nematicidas, fungicidas, rodenticidas y herbicidas. Compuestos quí­micos -DDT, dieldrin, lindano, metoxiclor, malation, aldrí­n, etc.- que pueden ocasionar cáncer.


Micotoxinas.
Procedentes del alimento que se da a las vacas cuando éste está contaminado por mohos, muy especialmente por el aspergillus flavus.


Antibióticos y otros fármacos.
Actualmente se emplean de forma habitual en el tratamiento y prevención de las enfermedades infecciosas y parasitarias de las vacas pero pueden pasar a la leche contaminándola. Un problema que se agrava al saber que el uso excesivo y continuado de estos fármacos en animales ha acabado provocando que determinadas cepas de gérmenes patógenos se hayan hecho resistentes y al pasar a los humanos éstos encuentren dificultades para superar la enfermedad con antibióticos. Por eso es peligroso el consumo de leche extraí­da de vacas así­ tratadas. Ya en 1976 el diario Daily Herd Management publicaba que "la mayorí­a de las fábricas [de leche] usan cerca de 60 clases de tratamientos quí­micos [antibióticos] para tratar la hinchazón de pezón después de cada ordeñada y para reducir la propagación de mastitis (inflamación de ubres) en sus rebaños. Hay evidencia de que algunas de esas zambullidas quí­micas dejan residuos en la leche que pueden ser peligrosos para los humanos". Diez años después todo seguí­a igual y el prestigioso The New York Times afirmaba que "los residuos de antibióticos en la leche están causando reacciones alérgicas en algunas personas debido a tratamientos rutinarios para prevenir la hinchazón de los pezones de las vacas y programas de infusión en las fábricas lecheras."


Contaminación radioactiva.
Es otro de los problemas que preocupan en la actualidad y si bien los residuos producidos por el uso especí­fico de la energí­a nuclear no ocasionan problemas más que en raras ocasiones es necesario prestar atención.


Dioxinas.
Estos derivados del cloro merecen atención especial. Además de estar relacionados con el cáncer de pulmón y los linfomas la exposición a las dioxinas se ha relacionado con la diabetes, los problemas de desarrollo del niño y diversos desarreglos del sistema inmune.

 

Enfermedades relacionadas con el consumo de leche


Ante todo lo expuesto son cada vez más las voces que alertan de la posible relación -más o menos directa- entre el consumo de leche y las dolencias que se relacionan a continuación:


Anemia ferropénica.
El doctor Frank Oski -director del Departamento de Pediatrí­a de la Escuela de Medicina de la Universidad de Johns Hopkins (Estados Unidos)- asevera en su libro Don't Drink Your Milk! (¡No bebas tu leche!) que en su paí­s entre el 15 y el 20% de los niños menores de 2 años sufren anemia por deficiencia de hierro y que la mitad del resto de las anemias que se producen en Estados Unidos están relacionadas con el consumo de leche y sus derivados por los pequeños sangrados gastrointestinales que la leche puede provocar.


Artritis Reumatoidea y Osteoartritis.
Está constatado que los complejos antí­geno-anticuerpo generados por la leche se depositan a veces en las articulaciones provocando su inflamación y entumecimiento. Estudios realizados en la Universidad de Florida (Estados Unidos) confirman que los sí­ntomas se agravan en pacientes con Artritis Reumatoidea que consumen leche. Por otro lado, en un artí­culo publicado en la revista Scandinavian Journal of Rheumatology se afirmaba que en personas afectadas de esa patologí­a que dejaron de ingerir lácteos y tomaron sólo agua, té verde, frutas y zumos vegetales entre 7 y 10 dí­as la inflamación y el dolor disminuyeron significativamente. Agregando que cuando alguno volví­a a una dieta lacto-ovo-vegetariana los sí­ntomas reaparecí­an. Por su parte, un grupo de investigadores israelí­es demostró en 1985 -por primera vez- que la leche puede inducir también la artritis reumatoidea juvenil. La asociación de la leche con la artritis reumatoidea del adulto ya se habí­a establecido anteriormente pero no se habí­a hallado ninguna asociación con la juvenil hasta el hallazgo de esos cientí­ficos.


Asma.
Se sabe que la leche puede estimular la producción excesiva de moco en las ví­as respiratorias y que la alergia a la leche es causa de asma. Además está completamente demostrado que los niños con exceso de moco y dificultades respiratorias a los que se les retira la leche de vaca mejoran de forma sorprendente.


Autismo.
Investigadores italianos descubrieron que los sí­ntomas neurológicos de los pacientes autistas empeoran cuando consumen leche y trigo. Se cree que los péptidos de la leche pudieran tener un efecto tóxico en el sistema nervioso central al interferir con los neurotransmisores. En sus investigaciones los doctores de la Universidad de Roma notaron una mejorí­a marcada en la conducta de esos enfermos tras dejar de ingerirla ocho semanas. En su sangre habí­a altos niveles de anticuerpos contra la caseí­na, la lactoalbúmina y la betalactoglobulina.


Cáncer de estómago.
Investigadores del Instituto Nacional de Salud Publica de Morelos (México) encontraron un aumento significativo del riesgo de contraer cáncer de estómago en pacientes que consumí­an productos lácteos. En los que además consumí­an carne el riesgo se triplicaba.


Cáncer de mama.
La leche está considerada por muchos expertos causa directa de este "tipo" de cáncer. Si a ello añadimos la influencia que tiene la hormona insulí­nica las probabilidades de sufrirlo aumentan considerablemente en las grandes consumidoras de leche (Discovery DSALUD publicará el mes que viene un artí­culo sobre este importante asunto que tanto preocupa a las mujeres).


Cáncer de ovarios.
La galactosa -uno de los azúcares de la leche- se ha relacionado también con el cáncer de ovarios. Algunos investigadores consideran que las mujeres que beben más de un vaso de leche entera al dí­a tienen tres veces más probabilidades de contraer cáncer de ovarios que las que no lo ingieren.


Cáncer de páncreas.
Investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) afirman que existe una relación "positiva y fuerte" entre el cáncer del páncreas y el consumo de leche, huevos y carne.


Cáncer de próstata.
Un estudio presentado hace más de veinte años en una reunión de la American Association of Cancer Research en San Francisco y publicado en Oncology News ya revelaba, según el doctor Chan -epidemiólogo de la Universidad de Harvard-, que el consumo de mucha leche y sus derivados está asociado con un incremento del riesgo de cáncer de próstata en los hombres. Explicando que ello se puede deber a que el alto contenido de calcio de la leche hace disminuir la cantidad de vitamina D del cuerpo, encargada de proteger del cáncer de próstata a pesar de que la propia leche la contiene. Epidemiólogos italianos del Aviano Cancer Center calcularon ese aumento del riesgo y establecieron que es 1,2 veces mayor entre quienes beben de 1 a 2 vasos de leche diaria que entre los que no la consumen. Sin embargo, si se toman dos o más vasos de leche al dí­a el nivel de riesgo de padecer ese cáncer aumenta a 5.

Otro estudio -realizado por el mismo equipo de investigadores de la Universidad de Harvard- descubrió que los hombres que consumen grandes cantidades de leche y/o lácteos tienen un 70% de riesgo de contraer cáncer de próstata. Opinión que comparte un grupo de cientí­ficos noruegos de la Universidad de Oslo quienes afirman que consumir leche es un riesgo para contraer cáncer de próstata. Añadiendo que, sorprendentemente, el consumo de leche desnatada está asociado con un mayor incremento que la leche entera.


Cáncer de pulmón.
Investigadores holandeses concluyeron en 1989 que las personas que toman tres o más vasos de leche diaria tienen dos veces más probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón que los que no la toman. Y que, sin embargo -contra lo que afirman sus colegas noruegos- las personas que toman esa misma cantidad pero de leche desnatada parecen estar más protegidas. También se coligió en el Roswell Park Memorial Institute de Nueva York que entre las personas que beben tres o más vasos de leche entera al dí­a aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón en un 200% (comparado con aquellos que nunca la toman). Además se ha documentado que existe relación directa entre la hormona somatotropina y el cáncer de pulmón, y entre éste y las dioxinas que contaminan la leche.


Cáncer de testí­culos.
Investigadores británicos descubrieron que también hay relación entre el cáncer testicular y el consumo de leche. El riesgo encontrado fue 7,19 veces mayor que en la población general y aumenta en un 1,39 por cada cuarto de leche adicional que se consume.


Cataratas.
Hay una creciente evidencia de la relación entre el consumo de leche y las cataratas. Según diversos estudios cientí­ficos las poblaciones humanas que consumen grandes cantidades de productos lácteos tienen mayor incidencia de cataratas que aquellos que los evitan. Este defecto se ha relacionado con la lactosa y la galactosa. Siendo la relación más evidente entre la mujeres que entre los hombres. El tipo más frecuentemente es la catarata cortical.


Colitis ulcerosa.
También el consumo de leche se ha asociado a esta dolencia.


Colon irritable.
Hay diversos estudios que vinculan igualmente la ingesta de leche con el desarrollo de esta patologí­a.


Diabetes Mellitus Tipo I
. Diferentes investigaciones demuestran que los lactantes alimentados con leche de vaca presentan un mayor riesgo de padecer diabetes insulinodependiente -conocida como diabetes tipo I- ya desde su niñez. Un estudio publicado en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra identifica la leche como "elemento responsable o factor desencadenante en algunas personas genéticamente sensibles" . Los médicos que realizaron la investigación descubrieron que los diabéticos analizados tení­an unos niveles de anticuerpos más altos de lo normal que reaccionaban con una proteí­na de la leche llamada suero de albúmina bovina atacándola como invasora y destruyéndola. Pero resulta que -¡fatal coincidencia!- una sección de esa proteí­na es casi idéntica a una proteí­na de la superficie de las células productoras de insulina por lo cual, según afirman, las defensas de las personas sensibles a ella terminan atacando a sus propias células causando así­ su autodestrucción. Por lo que coligen que eliminar la leche y sus derivados de la dieta infantil podrí­a disminuir drásticamente la incidencia de este tipo de diabetes.


Dolores abdominales sin intolerancia a la lactosa.
Existe una estrecha correlación


Toda la info en : animanaturalis.org 

Por piq - Publicado en: MUNDO VEGANO
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